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El Cid y Guillermo el Conquistador: semblanza de dos héroes medievales

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 Semblanza de dos héroes medievales:

El Cid y Guillermo el Conquistador

 

Dos personajes históricos y su verosímil legado artístico

 

Literatura Española, CeRP del Este, Prof. Mariel Cardozo, 2008

 

 

 “La guerra es una de las ocupaciones más antiguas del hombre, tanto y tan persistente como el canto o el cálculo, y al parecer será así mientras el hombre sea lo que es: agresivo, gregario, ambicioso e inclinado a imponer soluciones por la fuerza”

Gral. Sir John Hackett

Héroe militar condecorado en la 2da. Guerra Mundial, diplomado en Oxford en estudios clásicos e historia medieval, comandante del Grupo de Ejércitos Norte de la OTAN, docente universitario, autor de libros militares

 

Índice

 

1. Introducción. 2

1.1. Justificación. 3

2. Dos hombres y dos historias de vida para la Historia. 5

2.1. Guillermo El Conquistador. 6

2.2. Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid. 10

3. Del hecho a la obra artística hay un gran trecho. 14

3.1. Del hecho histórico al cantar de gesta. 14

La leyenda y la historia de Rodrigo Díaz de Vivar. 16

Las ficciones en el relato. 17

Características del héroe medieval en el Cid. 18

3.2. ¿El Tapiz de Bayeux constituye una narración?. 22

De Hastings al Tapiz de Bayeux. 23

En la guerra la primera víctima es la verdad. 26

Características del héroe medieval en Guillermo. 27

4. Conclusión. 28

Bibliografía. 29



1. Introducción

El presente trabajo plantea los paralelismos existentes entre las vidas de dos héroes paradigmáticos de la Europa del medioevo: el Cid y Guillermo el Conquistador y del testimonio artístico que legaron.    Ambos inspiraron sendas obras también ejemplares, en estilos y técnicas diferentes, que hicieron que las hazañas bélicas de los líderes guerreros quedaran perpetuadas en la memoria, no solo de sus respectivos pueblos, sino de toda la especie humana.  Se puede afirmar que pasados más de novecientos años de sus muertes, ambos son más recordados por esas obras artísticas que por el conocimiento pleno de sus biografías.  De allí la importancia de analizar las obras desde el punto de vista de su validez como testimonios, así como de la imagen y valores del héroe que nos trasmiten. 

Sus andanzas se plasmaron con maestría conformando relatos verosímiles bellamente elaborados en base a la inspiración de los sucesos.  Ambos resultan veraces en alguno de los pasajes al representar fielmente los hechos y el carácter del protagonista, se antojan fantásticos en otros y deformados por la subjetividad de las interpretaciones en otros.  Este análisis de la ficción que presentan las obras y el rescate de la veracidad que hay en la verosímil historia que en ellas se narra es uno de los ejes de esta monografía.

El prólogo de la reconocida edición de la Colección Austral del Cantar del Mío Cid, Alberto Reyes califica la obra anónima que narra episodios de la vida de Rodrigo Díaz de Vivar como “el primer monumento conocido de la literatura española”.  [1]

El Diccionario de la Real Academia Española define así el término monumento en sus tres primeras acepciones:

1. m. Obra pública y patente, como una estatua, una inscripción o un sepulcro, puesta en memoria de una acción heroica u otra cosa singular.

2. m. Construcción que posee valor artístico, arqueológico, histórico, etc.

3. m. Objeto o documento de utilidad para la historia, o para la averiguación de cualquier hecho.[2]

Al afirmar que el texto literario constituye una obra pública y patente, con valor artístico e histórico y que tiene utilidad para la historia y para la averiguación de cualquier hecho, ¿qué menor cúmulo de conceptos podemos expresar de la Tapicería de Bayeux y de la representación, en este caso gráfica, de la vida de Guillermo, Duque de Normandía y de su epopeya?

El referido tapiz es parte del patrimonio documental francés incluido en la memoria del World Internacional Register, que integra la Memoria del Mundo, programa de la UNESCO tendiente a la preservación y difusión de valiosas colecciones de todo el mundo de archivos y Bibliotecas.

 

1.1. Justificación

Se trata de dos personajes que vivieron el mismo tiempo histórico: Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, vivió entre circa 1043 y 1099, mientras que Guillermo, duque de Normandía, lo hizo entre 1027 y 1087. 

Ambos son exponentes arquetípicos del héroe medieval.  Los momentos de sus apogeos estuvieron cercanos en el tiempo: en 1066 Guillermo venció en la batalla de Hastings y fue coronado rey de Inglaterra y en 1094 el Cid ingresó triunfalmente en la ciudad de Valencia conquistada por sus huestes. 

Sus vidas se desarrollan en la Edad Media en reinos cristianos y es regida por los mismos códigos.  Estos corresponden a los de un caballero-guerrero, insertos en  el contexto y ámbito bélico de su época, están caracterizados por la fuerza física, la destreza en el manejo de las armas y la astucia, demostrada en la estrategia y los ardides en la batalla.  En ambos, el código del honor y el cumplimiento de la palabra empeñada, cobran una importancia primordial al estudiar su vida. 

Las características reseñadas del héroe medieval son presentadas desde sus legados artísticos.

Al analizar las obras que cuentan sus historias encontramos similitudes y diferencias.  Las similitudes se encuentran en las epopeyas que se generan a partir de los hechos históricos que los tienen como eje y centro, en la necesidad y oportunidad política de glorificar su figura.  Las diferencias en la forma de representar los hechos y de narrarlos al público: en el caso de Rodrigo Díaz el Mío Cid es un poema épico concebido para ser cantado, y en el caso de Guillermo es un tapiz creado para ser exhibido en la Catedral de Bayeux de manera que las imágenes difundieran y perpetuaran la gloria del más célebre normando.

En ambos casos, tanto el Cantar del Mío Cid como el Tapiz de Bayeux constituyen obras anónimas creadas por contemporáneos de los dos héroes medievales, que hoy son referencias para conocer los aconteceres de la vida, de la guerra, de las costumbres y de los valores de la Edad Media en el siglo XI. 

En esa caracterización del héroe medieval según las narraciones y sin perder de vista el contexto histórico de las obras es que transcurre el otro eje temático de la monografía.

 

2. Dos hombres y dos historias de vida para la Historia

En nuestra contemporaneidad no es común escribir Historia con “H” mayúscula.  No se piensa en “la” Historia, ni se cree en ella.  Es más común pregonar acerca de la necesidad de la revisión de “la Historia” y de considerar la existencia de múltiples historias que, como obra de hombres que son, reflejan pareceres respecto de los hechos que fueron analizados.  Ha perdido vigencia la idea que imperó durante generaciones en los ámbitos académicos e intelectuales, que la humanidad _ o mejor la Humanidad _ había ido dejando como legado de las vidas que la conformaron una única narración y visión de los acontecimientos. 

Podemos plantear sin mucho detenimiento varias razones para justificar este cambio de actitud.  La desmitificación de muchas “historias oficiales” que fueran creadas desde las cúpulas con fin de explicar en forma sesgada los acontecimientos; la revelación de tantas verdades escamoteadas durante años al conocimiento público; los descubrimientos de oscuras intenciones que estaban detrás de la creación de ciertas “historias negras” de personajes o de grupos; o los cultos a la personalidad tan abundantes en el pasado siglo como en lo que va del presente, han contribuido a minar la confianza en la existencia de una única Historia y consolidado por el contrario la valorización de las historias mínimas, de las historias domésticas. 

Sin embargo hay casos en los cuales debemos detenernos con detalle en las historias personales de aquellos que se destacaron de su entorno en una determinada época y lugar: líderes, gobernantes, pensadores, guerreros, políticos, al extremo que no podemos entender su tiempo sin su presencia.  Más aún, lo hacemos porque analizando esas historias de vida podemos captar las características esenciales de la sociedad de su momento y acontecimientos claves que marcaron sus destinos.  Se realiza en esos personajes “la convergencia entre la supra y la infra historia  o como quiera que se le diga a la mezcla de Historia (con H mayúscula) y la historia doméstica”. [3] 

No serán ajenas a sus vidas las polémicas y puntos de vista diametralmente opuestos, pero el hecho de constituirse en capítulos infaltables en la “narración y exposición de los acontecimientos pasados y dignos de memoria [4] de cualquier intento de aproximación a la Historia, los tornará infaltables e imprescindibles.

Son justamente los casos del normando Guillermo El Conquistador y de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid castellano. 

 

2.1. Guillermo El Conquistador

Guillermo I, llamado el Conquistador (1027-1087), originalmente en dos idiomas: William the Conqueror en inglés y Guillaume le Conquerant en francés, tiene para la Historia los títulos de duque de Normandía (1035-1087) y rey de Inglaterra (1066-1087).

Nació en Falaise (Normandía), hijo ilegítimo de Roberto I El Magnífico, duque de Normandía, y de Arlette, hija de un curtidor, por lo que también cargó con el mote de Guillermo el Bastardo.  Su madre, que nunca se casó con Roberto, lo haría con Herluin de Conteville y daría a Guillermo dos medios hermanos: Odón de Bayeux y Robert de Mortain.  Estas historias, mínimas y personales, y sus derivaciones serán importantes para determinar el destino, las obras y el legado de Guillermo.

A la muerte de Roberto I los nobles normandos aceptaron a Guillermo como su sucesor en cumplimiento de la promesa que habían hecho a su padre en vida.  La juventud de Guillermo y su condición de bastardo motivaron, sin embargo, las constantes intrigas de los nobles normandos.  Guillermo no aseguraría su posición de poder hasta 1047 cuando, aliado con el rey de Francia Enrique I, logró una decisiva victoria sobre los barones rebeldes en Val-ès-Dunes cerca de Caen.

Afirmado en su ducado realizó una visita a Inglaterra en el año 1051 para tejer alianzas políticas y estrechar los lazos familiares y afectivos que lo unían con la corona inglesa.  Según la versión normanda, durante su permanencia en la isla, su pariente el rey de Inglaterra Eduardo el Confesor le confirmó que a su muerte le sucedería en el trono inglés.  La madre de Eduardo era, por vía paterna, tía abuela de Guillermo.  Los lazos eran sólidos en lo familiar y en lo político: Eduardo estuvo refugiado en la corte normanda durante gran parte de los años del exilio de sus padres Ethereld II el Malaconsejado y Emma de Normandía.

El rey Eduardo no tuvo descendencia.  Al respecto se afirmaba que su casamiento con Edith Godwin no se consumó en obediencia al voto de castidad que Eduardo había formulado y que la boda habría perseguido establecer una alianza con los Godwin, sajones y poderosos terratenientes.  Esta unión tendría consecuencias para Guillermo al generarle un serio competidor en la pretensión de la corona inglesa, Harold, el cuñado de Eduardo.

En 1053 Guillermo consolidó sus derechos a la corona de Inglaterra por la vía del casamiento con  Matilde de Flandes, su prima lejana, hija del conde de Flandes Balduino V, nieta del Rey de Francia Enrique I, descendiente de Alfredo el Grande, rey de Wessex. 

Par cunseil de sa barunie

Prist une fame de haut lin,

En Flandres fille Balduin,

Niece Robert li rei de France

Por consejo de sus barones

Tomó una mujer de linaje

En Flandes hija de Balduino

Nieta de Roberto rey de Francia[5]

La boda se realizó desafiando la prohibición del Papa Nicolás II, por razón de la consanguinidad de los contrayentes, no exentas de otros factores políticos.  Para ser absueltos de la irregularidad de la unión matrimonial, la pareja debió construir dos abadías en la ciudad de Caen, conocidas como la Abadía de los Hombres (L’Abbaye dite aux Hommes), desde 1965 sede del Ayuntamiento de la ciudad, y la de las Damas (L’Abbaye dite aux Dames).

 

A Caem fist dous abéies

U il mist grant mananties ;

El non de Saint-Estienne fist

Une abéie ù muignes mist.

L’altre abéie prist en mains

Mahelt sa fame è mist nonais,

Ki est de sainte Trinité ;

E por amor è por chierté

Fu ele lá ensepelie,

Si como ele out dit en sa vie.

En Caen hizo dos abadías;

Donde puso grandes riquezas;

En nombre de San Esteban hizo

Una abadía donde puso monjes

La otra abadía dejó en manos de

Matilde su mujer y monjas

Es de la santa Trinidad;

Y por amor y por caridad

Fue ella sepultada allí

Como había dicho en vida[6]

Enrique I, temiendo el fortalecimiento de Guillermo, intentó en 1054 y en 1057 invadir el ducado de Normandía.  En ambas ocasiones Guillermo rechazó las tropas del monarca francés e incluso anexionó el condado del Maine, creando un territorio tapón entre sus dominios y los de los Capetos.

Hacia 1064 el poderoso noble sajón Harold, conde de Wessex, hermano de Edith y por lo tanto cuñado de Eduardo, fue hecho prisionero por Guillermo tras naufragar el barco en que viajaba frente a la costa normanda.  La versión normanda dirá que Harold más que prisionero de Guillermo fue liberado por él de Guy, duque de Ponthieu, quien lo había retenido y solicitaba rescate.  Luego de emprender una expedición militar con Guillermo y ser nombrado caballero por él, juró ante las reliquias sagradas su apoyo a las pretensiones del duque de Normandía al trono inglés y lo reconoció como legítimo heredero del rey Eduardo.  Estos acontecimientos están representados en el tapiz con sumo detalle: la liberación del sajón de sus captores, la forma en que comparte con su anfitrión Guillermo, que éste lo nombre caballero y el juramento antes de emprender la partida son muestras de la sumisión de Harold a Guillermo. 

No obstante estos antecedentes,  cuando falleció el rey Eduardo en enero de 1066, el consejo real, el witenagemot, eligió al conde de Wessex como monarca, que accedió al trono con el nombre de Harold II.  Determinado a hacer valer su pretensión, Guillermo obtuvo la aprobación del papa Alejandro II para la invasión normanda de Inglaterra.

El duque y su ejército desembarcaron en Pevensey el 28 de setiembre de 1066.   El 14 de octubre los normandos derrotaron a las tropas anglosajonas en la batalla de Hastings, durante la cual murió Harold.  Guillermo se dirigió a Londres, aplastando toda la resistencia que encontró a su paso.  El día de Navidad de ese año fue coronado rey de Inglaterra en la abadía de Westminster.

En sus inicios como monarca inglés Guillermo debió enfrentar una violenta oposición incluyendo la de tropas danesas que vinieron en ayuda de los rebeldes sajones.  Hacia 1070 completó la conquista normada de Inglaterra aunque se sucedieron insurrecciones de normandos y sajones en Inglaterra y revueltas en Normandía, dirigidas por su hijo mayor, Roberto Courteheuse que le sucedería a su muerte con el nombre de Roberto II como duque de Normandía.

En su reinado emprendió grandes reformas que tendrán una profunda repercusión en los siglos venideros. En 1086 se realizó el censo de propiedades y de las posesiones que quedaron registradas en el Domesday Book, libro de cuentas con fines de la recaudación de los tributos.

La reorganización del sistema feudal y administrativo inglés incluyó la disolución de los grandes condados, virtualmente independientes durante los reinados de sus predecesores anglosajones y el reparto de los feudos confiscados entre nobles normandos de su confianza.  Introdujo el sistema feudal de Europa Continental en Inglaterra al aplicar en sus nuevos dominios los principios normandos en materia social y política.  Todos los propietarios de tierras debieron jurar lealtad al rey (Juramento de Salisbury, 1086), por lo que la lealtad de todo vasallo al rey prevalecía sobre la obediencia debida a su señor inmediatamente superior en la pirámide de vasallaje feudal.  Los señores feudales quedaron obligados a reconocer la jurisdicción de los tribunales locales, que Guillermo conservó junto a otras muchas instituciones anglosajonas e instauró representantes reales, los sheriff, en cada condado.  Se separaron los tribunales eclesiásticos y los civiles y el poder del Papado en la política interna inglesa quedó sensiblemente recortado.  

En 1087, luego de arrasar la ciudad de Nantes durante una campaña militar contra el rey Felipe I de Francia, cayó de su caballo y murió el 9 de setiembre en Ruán a consecuencia de las lesiones.  Sus restos fueron inhumados en la Abadía de los Hombres en Caen.  Su tumba sería profanada por los hugonotes durante las guerras de religión que sucedieron en el siglo XVI.

Los episodios de la vida de Guillermo comprendidos entre el compromiso de sucesión de Eduardo y la victoria sobre Harold II en Hastings se plasmaron en una obra única: el tapiz de Bayeux, también conocido como la Tapicería de la Reina Matilde.  Esta obra habría sido concebida y realizada por encargo de Odón, Obispo de Bayeux, y medio hermano de Guillermo, por lo que es evidente que en ella se plasmó la versión de la historia que los vencedores en la contienda quisieron transmitir. 

 

2.2. Rodrigo Díaz de Vivar, El Cid

Se trató de un caballero castellano, apodado El Cid, nacido hacia 1043 en Vivar[7] y fallecido en 1099, inspirador de uno de los mitos más destacados que la Edad Media legó a la cultura española.  El término Cid deriva de la trascripción del árabe sayyid, que significa amo o señor, maestro o jefe, según distintas interpretaciones.

Nació en el seno de una familia de la pequeña nobleza castellana.  Era hijo de Diego Laínez, descendiente de Laín Calvo uno de los dos primeros jueces castellanos que gobernaron Castilla después de su alzamiento contra el rey de León.  Por línea paterna tenía linaje modesto y por vía materna era más encumbrado.  Su abuelo materno Rodrigo Alvarez había servido con destaque en la corte de Fernando I.  La categoría de infanzón[8] que condicionaría socialmente la posición de Rodrigo es su marca de nacimiento. 

Los infanzones componían el estamento de la baja nobleza.  Su denominación respondía a que se les consideraba descendientes de infantes o hijos del rey _ tanto en forma legítima como ilegítima_ pero que no le sucedían en el trono.  Fueron conocidos también como ermunios, por establecerse primitivamente en lugares yermos, ereme, del rey, y “francos de carta”, por estar dispensados del pago de impuestos.  En la Edad Moderna serán los “hijosdalgo” o “hidalgos”, literalmente hijos de alguien en reconocimiento de su linaje.  Un infanzón podía ser promovido a caballero; pero no siempre lo era, pudiendo hallar infanzones caballeros e infanzones no caballeros, como también los hay que descienden de caballeros y que no descienden de ellos.

Durante el período del avance de los reinos cristianos sobre la España musulmana, llamado la Reconquista desarrollada entre 1050 y 1492, el infanzón  cumplió funciones militares, se distinguió del barón en la medida que no tenía grandes heredades, de los burgueses por no practicar el comercio y de los campesinos por no trabajar el campo con sus manos.

Al servicio del Rey de Castilla Sancho II (1065-1072), desempeñó un importante papel.  El Cid, conocido también con el sobrenombre de Campeador[9], contribuyó a resolver el litigio fronterizo con el reino de Navarra al vencer en un duelo judicial a Jimeno Garcés. De la victoria en la lid campal con este caballero navarro procedería el título de Campeador. 

Contra Alfonso VI de León, participó en diversas batallas y en el asedio de Zamora, donde murió asesinado su señor.  Tras la muerte de Sancho II, el trono de Castilla pasó al monarca leonés Alfonso VI, sobre quien recaía la sospecha de haber participado en el asesinato del Rey castellano. Por ello, Alfonso VI fue obligado a prestar un juramento expurgatorio en Santa Gadea de Burgos delante de El Cid y otros caballeros.

En 1074, Díaz de Vivar se casó con Jimena Díaz, hija del conde de Oviedo.  Al servicio del nuevo rey Alfonso VI, El Cid fue comisionado para cobrar las parias[10] del reino taifa de Sevilla, labor que ejerció enfrentándose incluso al conde de Nájera, García Ordóñez.  Agradecido por ello, al-Mu’tamid de Sevilla pagó las parias debidas y añadió una cantidad para entregar a Rodrigo como premio personal a su actuación.  Este hecho, unido al prestigio militar del Cid, causó la primera ruptura entre éste y su monarca.

Es relevante señalar que una de las características fundamentales del momento que se vivía en el proceso de la Reconquista estaba signada por el hecho que todos los reyes cristianos cobraban tributos a los musulmanes.  Se había llegado a este estado de situación en forma gradual y creciente y ahora se había consolidado.  Los grandes beneficiarios de la política de parias fueron dos grupos muy distintos entre sí y que cobraron especial relieve en el siglo XI.  Por un lado los judíos, únicos intermediarios entre los dos mundos: musulmán y cristiano, que cobraban las parias en nombre de los reyes cristianos.  El segundo gran grupo de beneficiarios de la política de parias fue el de los hombres de frontera, quienes llegaron a poseer una enorme fortuna que les permitía tener en pie de guerra a un ejército, en algunos casos formidables, y que la mayoría de veces se oponían con muchas posibilidades de éxito a los ejércitos de los mismos reyes cristianos.  El ejemplo más famoso lo tenemos en la figura del Cid.

Convertido en un desterrado, Rodrigo entró al servicio de Yusuf al-Mu’tamin de Zaragoza y derrotó al rey aragonés Sancho I Ramírez.

La invasión almorávide y la derrota de Alfonso VI en Sagrajas (1086) propiciaron un nuevo acercamiento entre Rey y vasallo, a quien se le encargó la defensa de la zona levantina. Sin embargo, en el sitio de Aledo (1089-1092), El Cid acudió con demora a ayudar a las tropas reales, lo que provocó su segundo alejamiento del monarca.

Asentado en el Levante peninsular, intervino en Valencia en nombre propio, esforzándose por construir un señorío personal.  Derrotó progresivamente a sus competidores en esta zona, e incluso apresó al conde de Barcelona, Berenguer Ramón II (1090).

Una nueva presión de los almorávides propició otro acercamiento del rey Alfonso VI.  Los ejércitos cristianos fueron derrotados en la batalla de Consuegra (1097), donde murió el único hijo varón del Cid, Diego Díaz.

En Valencia se produjo una revuelta que concluyó con el cadí[11] ibn Yahhaf en el poder y aliado con los almorávides para luchar contra El Cid.  Sucesivas expediciones almorávides fueron derrotadas por las huestes del Cid.   Una nueva revuelta en la ciudad dio el poder a ibn Wayib.  Este dirigió la última resistencia de Valencia que capituló en 1094.  Después de la entrada del Cid en la ciudad, el cadí ibn Yahhaf fue quemado vivo en la plaza pública y la mezquita resultó transformada en catedral.

Establecido ya firmemente en Valencia, se alió con Pedro I de Aragón y con Ramón Berenguer III de Barcelona con el propósito de frenar conjuntamente el empuje almorávide.

Las alianzas militares se reforzaron además con vínculos matrimoniales. Una hija del Cid, María (doña Sol en el poema), se casó con el conde de Barcelona, y su otra hija, Cristina (doña Elvira en el poema), con el infante Ramiro de Navarra.

Tras la muerte del Cid, ocurrida el 10 de julio de 1099, sin un heredero masculino que hiciera posible su legado, Alfonso VI tuvo que evacuar en 1102 la ciudad de Valencia.

El Cid histórico se presenta contradictorio en sus actos: es valiente y hábil, pero también ambicioso y brutal.  Es un caballero desterrado y es un hombre de frontera, alternando entre el bando cristiano y el musulmán.  Su figura y sus hazañas protagonizan el primer cantar de gesta de la literatura castellana, el Cantar de Mío Cid.

 

3. Del hecho a la obra artística hay un gran trecho

Muchas maravillas nos cuentan las gestas de antaño,

de héroes dignos de elogio, de grandes penalidades,

de alegrías y festejos, de llantos y lamentos,

de peleas de valientes caballeros

Cantar de los Nibelungos

3.1. Del hecho histórico al cantar de gesta

Carlos y Manuel Alvar en su obra Épica Medieval Española y bajo el título “Del hecho histórico al cantar de gesta[12] se refieren a la evaluación de las obras como testimonios fieles de los acontecimientos reseñados y de las vidas de los personajes que ellos involucran.  Aseguran los autores, en una dirección coincidente con el resultado del análisis menos riguroso, que lo narrado en la obra y la historia conservada presentan diferencias que resultarán más o menos evidentes, y que en el lapso de tiempo que medió entre los hechos históricos y la construcción del testimonio artístico hubo “_sin duda _ una serie de transformaciones que en algunos casos han alterado el hecho histórico de tal forma que apenas se puede reconocer[13]. 

En una asociación con el proceso de fabricación de licores a partir de jugos de frutas, los autores se refieren a un “proceso de fermentación” largo y oscuro que media entre el hecho histórico y el cantar de gesta, en el que la leyenda épica, restringida en principio a una comarca o región donde se originó, sufre las transformaciones propias de la oralidad: deformaciones, enriquecimiento por aditivos de otras leyendas, cambios introducidos por un narrador, agregados provenientes del ámbito eclesiástico y de la liturgia.  El zumo original pierde la naturalidad para ganar en contenido de alcohol y azúcar que le dará cuerpo y personalidad.

Los estudiosos han centrado gran parte de sus esfuerzos en desenmarañar los aditamientos que se han sumado con el paso del tiempo.

Se pueden considerar tres momentos diferentes: el acontecimiento histórico, la formación de la leyenda épica y su elaboración como cantar de gesta.  La relación que se establece entre los tres momentos es contingente, pero no reversible.[14]

La relación de causalidad entre el acontecimiento, la leyenda y el cantar es evidente: sin el primero no pudo originarse el segundo y no habría existido el tercero. Asimismo, es igualmente evidente que la línea de tiempo solamente puede desarrollarse en el sentido expresado, no puede invertirse: “cada cantar que se nos ha conservado ha sido el resultado de una voluntad artística sumada a una tradición que arranca, más o menos fantaseada, de una realidad histórica.” [15]

Es efectivamente una realidad histórica más o menos tocada y retocada con elementos fantásticos por una voluntad artística lo que encontramos al analizar las obras.  En ambas se encontrará a un personaje central que, como elemento también común, buscará recuperar su honor _ representado en su heredad, bienes y posesiones, su lugar en el mundo, posición de privilegio, buen nombre, prestigio y reconocimiento_ a través de la acción.  Bowra afirmó que la épica “sólo podrá existir cuando los hombres crean que los seres humanos son, por sí mismos, objeto suficiente de interés y que su aspiración suprema consiste en perseguir el honor a través del peligro”. [16]

“Meçió mio Çid los hombros y engrameó la tiesta:

¡Albriçia, Albar Fáñez, ca echados somos de tierra!

Mas a grand ondra tornaremos a Castiella.” [17]

La cuestión de cómo se elaboraron las obras épicas a partir de los hechos históricos se debate sin fin y sin dar argumentos convincentes definitivamente en un sentido u otro, entre individualistas y tradicionalistas.  Leyendas locales que adquieren forma a través de un poeta genial y según las cuales no existe lapso entre el hecho y la obra (Bédier) o aquellas que afirman que solamente la transmisión oral de tradiciones por generaciones puede “explicar la presencia de determinados elementos históricos de ínfimo relieve” (Lot y Fawtier). [18]

Smith y Hook han reunidos pruebas que hacen difícil imaginar que el autor del Cantar del Mío Cid fuera un juglar iletrado. [19]

Quién fuera el autor viene siendo discutido desde hace mucho y es problema todavía no resuelto.  Se postulan uno o varios autores, de origen culto o popular, que maneja las técnicas de la tradición oral y que escribe para un público que escucha, antes que para unos lectores.

 

La leyenda y la historia de Rodrigo Díaz de Vivar

Menéndez Pidal dice que el Cid “ocupó muy variadamente la atención de los que vivieron en su época.  Los clérigos, los enemigos de su ley, cada uno según los más diversos sentimientos nos han dejado memorias auténticas del caballero castellano”.  Para luego agregar: “Después, estas memorias no fueron conocidas en todos los tiempos a la vez ni estimadas de igual modo, por lo cual el concepto del Cid que se formaron los historiadores varía mucho según las épocas”.  De allí se desprendería, para Menéndez Pidal, la dificultad de delimitar lo que hay de historia y de ficción en el relato.  O de aquellos elementos presentes en la narración que contradicen lo que se ha expresado del Cid histórico.  Se plantearía posteriormente que la postura de Menéndez Pidal de elevar al Cid a la categoría de héroe nacional español convenía a los intereses de levantar la estima de sus connacionales deprimida por la pérdida en 1898 de las últimas colonias de ultramar de lo que había sido el imperio más extendido de la historia.

Su intención quedó establecida en el primer prólogo que escribió a su obra:

“Por eso al escribir la historia del siglo XI me propongo, sobre todo, depurar y reavivar el recuerdo del Cid, que, siendo de los más consustanciales y formativos del pueblo español, está entre nosotros muy necesitado de renovación. Porque es el caso que España, después de haber mantenido con amor ese gran recuerdo histórico a través de las edades, ahora hace más de un siglo que lo ha dejado perder, salvo en el terreno de la pura poesía. Ni siquiera hemos laborado el recuerdo material de un monumento público dedicado al héroe; todo el bronce que había lo hemos gastado en glorificar a generales y ministros, personajes cuasi impersonales de la obra estatal”. [20]

Desde una perspectiva externa al ámbito español y por lo tanto neutral en asuntos políticos internos de esa nación se puede afirmar objetivamente que el compilador consiguió lo que se propuso: el recuerdo del Cid hoy está vivo, las estatuas y lugares de culto del Cid pueblan Burgos y la ruta en la España meridional donde se jalonan sus combates, los restos de Rodrigo y Jimena, o los probables despojos que yacen bajo sus nombres, descansan en el crucero de la catedral de Burgos.  Todo apunta a la inevitable y contemporánea explotación turístico-comercial de un producto, sea éste un balneario, una estación termal, una catedral o los lugares donde se realice la liturgia de honrar a una figura legendaria.

 

Las ficciones en el relato

Con el argumento centrado en el casamiento de las hijas del Cid, el poema consta de tres cantares: el destierro del Cid es el Cantar Primero, las bodas de las hijas del Cid el Cantar Segundo y la afrenta de Corpes el Cantar Tercero.

Ernst Robert Curtius observaba que la afrenta de Corpes, sin duda la parte más dramática y más poética, la culminación del cantar del Cid, no es histórica.  El razonamiento de Menéndez Pidal “dada la historicidad general del poema,  es muy arriesgado el declarar totalmente fabulosa la acción central del mismo” no resiste a la crítica, que diría con más razón “dado el carácter fabuloso de la acción central del poema, es muy arriesgado declarar totalmente histórico el poema en su conjunto”. [21]

La figura del Rodrigo Díaz histórico se transforma en el poema en leyenda: es el héroe épico. 

El Cantar presenta elementos ficticios desde el Primer Canto: los dos exilios se reducen a uno; se inventan y agregan personajes para otorgarle dramatismo y toques de humor y humanidad a la obra, Martín Antolínez, “burgalés de pro”, los prestamistas judíos Raquel y Vidas y la niña de nueve años que dialoga con el Cid; Doña Jimena se refugia en Cardeña cuando en verdad fue presa de Alfonso VI en el primer exilio y en el segundo buscó el abrigo en casa de su padre; Álvar Fáñez se constituye en el brazo derecho del Cid cuando en verdad lo era del rey Alfonso; también los dos apresamientos del Conde de Barcelona aparecen como uno solo;  el asedio a Alcocer nunca existió.  Pero será en el Segundo y Tercer Canto cuando los elementos ficticios aumenten en forma notoria con la invención de las bodas entre los infantes de Carrión y las hijas del Cid, cuyos nombres reales son cambiados, la afrenta de Corpes, las cortes de Toledo y los duelos, culminando con las segundas nupcias con los infantes de Aragón y Navarra.

 

Características del héroe medieval en el Cid

Al autor lo impulsaría la “necesidad artística de oponer al Cid, dechado de nobleza caballeresca, en el apogeo de la gloria, a adversarios infames, negación viviente de toda caballería: cobardes, afeminados, codiciosos, celosos, orgullosos, intrigantes, derrochadores, fanfarrones, crueles, que por satisfacer el odio mezquino de su corazón le desgarrarán al héroe las telas del corazón y le herirán en la honra”. [22]

De los sos ojos tan fuertemientre llorando [23]

El Cid no tiene enemigos nobles ni heroicos.  Se trata de “un héroe modelo y el modelo no puede tener otro adversario que el no-modelo, el anti-modelo, lo innoble.” [24]

Fabló mio Cid bien e tan mesurado:

¡Grado a ti, señor padre que estás en lo alto!

Esto me an buolto mios enemigos malos.[25]

“Es ejemplar de todas las virtudes del hombre maduro”, mesurado y prudente, al puntoque, a la vez,  “representa una síntesis del rebelde y el vasallo real al servicio del monarca: el Cid es el rebelde leal, el rebelde que no se rebela, buen vasallo aunque no tenga buen señor.” [26]

Burgeses e burgesas por las finestras sone,

plorando de los ojos, tanto avien el dolore.

De las suas bocas todos dizian una rázone:

Dios, qué buen vassallo, si oviesse buen señore.[27]

Ninguno de los rivales del héroe es humano, no se enfrenta con seres humanos, ya que de ellos cualquiera sea su condición lo reconocerían inevitablemente como a un superior.  Cabe entonces la afirmación: “su adversario es la fatalidad que utiliza como instrumentos ya al monarca desconocedor de la justicia, ya a los infantes, intrigantes palaciegos.” [28]

Al Cid se le ha tildado de mercenario y acusado de los más variados delitos, usualmente por quienes sostienen una visión anacrónica de los acontecimientos, sin comprender que el líder guerrero debía procurar en el destierro suministros para sus huestes, botines para pagarles la soldada y además ganarse la vida y que en forma reiterada renunció a enfrentarse a Alfonso VI, considerándose siempre ser su vasallo.

Cras a la mañana pensemos de cabalgar,

Con Alfons mio señor non querria lidiar.[29]

La necesidad de ganar fama y riquezas, no como fin en sí mismo sino como medio para recuperar el honor, avivan su ánimo en la batalla, actuando con valor y arrojo, en el conocimiento pleno como líder guerrero que su presencia en la línea de combate es el aliciente moral de la que sus huestes se nutren:

Enbracan los escudos delant los coracones,

abaxan las lanzas abueltas de los pendones,

enclinaron las caras de suso de los arzones,

ívanlos ferir de fuertes coracones.

A grandes vozes llama el que en buen ora nació:

“feridlos cavalleros por amor del Criador!

Yo so Roy Díaz, el Cid, de Bivar Canpeador!” [30]

La valentía del héroe no es ciega ni está exenta de la ya indicada prudencia que le evita tomar riesgos innecesarios y se complementa con una cuota de astucia que supera a la inteligencia de sus adversarios al plantear la estrategia y pergeñar ardides y emboscadas que le dan ventaja a los suyos en el combate:

Quando vido mio Cid que Alcocer non se le dava,

elle fizo un art e non lo detardava:

dexa una tienda fita e las otras levava,

cojó Salón ayuso, la su seña alcada,

las lorigas vestidas e cintas las espadas,

a guisa de menbrado, por sacarlos a celada. [31]

Una vez obtenida la victoria y la ganancia, muestra grandeza y elevación de espíritu, propias de la magnanimidad del héroe paradigmático:

Mio Cid Roy Díaz he vendido;

qué bien pagó a sos vassallos mismos!

A cavalleros e a peones fechos los a ricos,

en todos los sos non fallariedes un mesquino.

Qui a buen seños sirve, siempre bive en delicio. [32]

Lealtad, valor, astucia, prudencia, magnanimidad son las características reseñadas.  Una de las figuras emblemáticas del siglo XX, Winston Churchill, político y estadista británico y prototipo del estoicismo moral de la Inglaterra victoriana, afirmaría sobre sí mismo y definiendo la acción de gobierno que había llevado para su país: “en la guerra, determinación; en la derrota, resistencia; en la victoria, magnanimidad; en la paz, conciliación.” [33]  Muchos puntos de contacto en la cercanía histórica podemos encontrar entre el héroe medieval que establecimos y el victoriano que expresa su definición.


3.2. ¿El Tapiz de Bayeux constituye una narración?

El Poema del Mío Cid es uno de los cuatro cantares de gesta que conforman la épica castellana junto a el Roncesvalles, el Poema de Fernán González y las Mocedades de Don Rodrigo.[34] Castellana por su origen y épica en cuanto constituyen muestras de “poesía narrativa, de carácter objetivo, impersonal y dramática, que tiene como tema principal las hazañas realizadas por una colectividad, a veces representada por el héroe, que se siente agredida y que intenta volver a la situación inicial, anterior a la agresión”.[35]  Es poesía pues utiliza el verso como modo de expresión.[36]

Quitando de la definición expresada en Alvar a la poesía como modo de expresión y sustituyéndolo por bordado, afirmamos que en un todo se ajusta al cometido de la obra exhibida en Bayeux. 

El nexo entre la narración y las artes plásticas es más antiguo que la narrativa como género literario.  En las pinturas rupestres de las Cuevas de Altamira en Santillana del Mar, Cantabria, España, realizadas hace 14.500 años, las figuras humanas y animales, las escenas de caza y de vida salvaje que se representan en las paredes de la caverna nos siguen contando hoy de la fascinación del hombre-artista por lo que observaba en su entorno. 

Siguen describiendo las escenas hasta el punto que la niña María Sanz de Sautuola gritó: “¡Papá, mira bueyes pintados![37] al llamar la atención de su padre Marcelino cuando en 1879 se descubrieron las obras.  Sigue fascinando nuestra sensibilidad hasta el extremo que la obra constituye para el poeta español Rafael Alberti “el santuario más hermoso del arte español”. [38]

En pintura se denomina pintura narrativa a aquella cuyo tema, generalmente de factura realista o en todo caso figurativa, cuenta o narra algo, o bien describe un hecho con más o menos detalle. [39]  Los cuadros Boda Campesina, La batalla del Carnaval y la Cuaresma y Juegos de Niños de Pieter Brueghel, El Viejo, son ejemplos emblemáticos de este tipo de producción artística.

Los términos de pintura narrativa o ilustración narrativa hacen referencia, sin límites no claramente definidos y en un consenso implícito, a una historia ilustrada a través de diversos significados pictóricos, [40] y se emplean libremente para agrupar una serie de trabajos muy variada.

En Occidente la pintura de escenas que representaban sucesos de la Biblia, de la mitología clásica, de la literatura y de la historia fueron la categoría más significativa e importante hasta bien entrado el siglo XIX. 

La pintura de género que representa escenas y narrativas de la vida cotidiana pasó por épocas de mayor o menor popularidad, por ejemplo en la Era Victoriana es considerada como una categoría en sí misma y se la designa “Pintura Narrativa Victoriana”.

En el arte moderno las ideas formalistas desaprobaron la narrativa.  Son comunes, sin embargo, las referencias a cuestiones políticas o sociales o eventos significativos en la vida del artista.  Tales alegorías requieren habitualmente información del artista para ser entendidas en su totalidad. [41]

Al predominar la abstracción en el siglo XX disminuyó la importancia y valoración del arte narrativo.  Sin embargo, la aproximación de los artistas a la narrativa para contar historias es una tendencia insoslayable.

 

De Hastings al Tapiz de Bayeux

El Tapiz de Bayeux es realmente un bordado de lana sobre tela.  Esta obra de arte es el primer manuscrito de la colección depositada en la Biblioteca municipal de la ciudad de Bayeux, situada en Normandía, Francia.

El tapiz es un registro histórico y por lo tanto una fuente esencial de información sobre la forma de vida en la Edad Media en general y del Siglo XI en particular: es por lo tanto un registro documental que emplea particulares técnicas narrativas y hace uso del simbolismo como otros muchos trabajos artísticos del período Románico.  Es un trabajo único: no hay otro documento similar para compararlo.  Mantiene en la actualidad un misterio, y muchas preguntas no han sido plenamente respondidas.

El carácter verdaderamente excepcional del Tapiz también reside en su tamaño: bordado sobre tela de lino tiene 68,80 metros de largo, 50 centímetros de alto, y un peso cercano a los 350 kilogramos.  Por esta razón debe ser exhibido en una forma muy particular y el museo que lo preserva ha respetado la singularidad de la obra que alberga.  Un largo bastidor cubierto de vidrio y en un ambiente de luz y temperatura controlada permite augurar una larga preservación de los colores que lo visten al amparo de los brillos de los flash de las cámaras de fotos y filmadoras de los visitantes.  Está compuesto por ocho piezas de lino desconociéndose si se conserva la totalidad de la obra. De acuerdo al criterio de unicidad de acción se considera que faltarían varios metros que serían los necesarios para concluir en la coronación de Guillermo.

No existen al día de hoy documentos de la época que permitan conocer con certeza él o los maestros autores ni la persona que inspiró la obra o la fecha de realización.  Podemos hacer algunas suposiciones basadas en ciertos elementos conocidos.

Según la versión tradicional francesa, la pieza habría sido creada por la reina Matilde, esposa de Guillermo el Conquistador y sus sirvientas.  De esta versión proviene la denominación de Tapicería de la Reina Matilde.

Sin embargo, la hipótesis historiográfica más aceptada es que fue realizado por mandato de Odón, obispo de Bayeux y hermanastro de Guillermo para servir de ornamento a la catedral de Bayeux el día de su consagración, el 14 de julio de 1077.  Esta creencia de ser una obra realizada por encargo o bajo la supervisión del clérigo es la más aceptada por diversas razones, fundamentalmente: la homogeneidad del diseño, el conocimiento del latín y el hecho innegable que Odón es el personaje secundario que aparece más veces representado en la secuencia de imágenes fácilmente reconocible por la tonsura. 

Se asegura también que fue ejecutado en el sur de Inglaterra, posiblemente en Canterbury o Winchester, Kent, lugar donde se sabe que existían talleres de bordado en los que ejercían su arte con particular destreza maestros de ambos sexos y donde Odón fue nombrado duque por el rey Guillermo.

La obra tiene a la vez  características religiosas y profanas.  Abundan referencias a la fe católica: el juramento de Harold se realiza sobre reliquias, se representan iglesias, el monasterio del Mont Saint Michel en Normandía, la catedral de San Pablo en Londres, la cruz bendecida por el Papa que lleva el mástil de la nave Mora de Guillermo aparece claramente destacada, así como elementos paganos tales como la superstición y mal agüero que causa la aparición del cometa Halley y una numerosa presencia de animales cuya simbología tiene implicancias mixtas de ambas tradiciones.  

Es que entre las representaciones de: 623 humanos, 37 fortalezas y edificios, 41 navíos y embarcaciones, 202 caballos y mulas, 49 árboles y 55 perros se suman 505 animales y bestias.  Las escenas se suceden en una franja central que está orlada superior e inferiormente por dos franjas más angostas. La franja central invade en muchos tramos a las otras dos destacando la escena descrita.  Tanto en la franja central como en la superior e inferior, animales acompañan las escenas y fundamentalmente las apariciones de Guillermo y Harold.  Al primero se le asocia el león (símbolo de realeza y poder, la buena cuna, el valor y la nobleza, noble, bravo, bien nacido), el perro (el brío) y el ciervo (que mata al dragón que representa el mal, el triunfo del bien sobre el mal y que todo lo ve).  Al segundo lo describirán simbólicamente el pavo real (envidioso y presumido), el pelícano (que pica el rostro de su padre, que se vuelve contra él), el onocentauro (mezcla de humano y asno, representa el hombre mentiroso de corazón), la hiena (animal impuro que tiene dos naturalezas) y las aves negras (corrupción).

Como en el caso del Cid, la lucha para recuperar el honor y obtener lo que por traición le fue negado, más que un enfrentamiento personal de Guillermo contra Harold, se constituye en la obra en una guerra santa del bien contra el mal.  La muerte de Harold estará así cargada de simbolismo: una flecha le penetrará el cerebro a través de un ojo cegándole en una prueba del castigo divino y un normando le atravesará el muslo con su espada una vez caído.Algunos comentaristas postulan que la muerte se ha representado en tres tiempos desdoblando a Harold en tres figuras: la de la flecha, la del caballo que cae y la que le presenta ya en el suelo. A la derecha se representan los últimos combatientes y el fin del combate.  Es que una vez muerto su señor, el seguir luchando no tenía sentido.  En la banda inferior se representan escenas de expolio de los muertos en combate.

 

En la guerra la primera víctima es la verdad

La frase anterior es usualmente atribuida al citado Winston Churchill.  Refiere a la estrategia de proteger la verdad de manera tal que no sea conocida por el enemigo, al punto que crea la historia que difunde el otro bando.  El tapiz de Bayeux narra los acontecimientos que llevaron a Guillermo a ser coronado rey de Inglaterra tiempo después que se produjeran. 

La acción de la batalla de Hastings en que triunfan los normandos de Guillermo sobre los sajones y muere el rey Harold se produjo en octubre de 1066.  El tapiz habría sido expuesto por primera vez en la Catedral de Bayeux en julio de 1077, por lo que hay un lapso de casi once años en los cuales se encargó, diseñó y elaboró.  El bando de los vencedores aparece justificando las acciones que llevaron a imponer por la fuerza a un rey normando y es justamente el criterio generalizado afirmar que el auto ensalzamiento lo constituye en una obra de propaganda política.  Obra de arte al fin, aunque motivada por el interés de difundir la campana de la historia de los normandos cercanos a Guillermo y entre ellos destacar al obispo de Bayeux.  Es que Odón, medio hermano del héroe, fue el inspirador, mecenas, impulsor y usuario del sistema de propagación de la historia que dispuesta como una narración con imágenes y breves apuntes en latín, podía dirigirse a la masa analfabeta.  Así Odón será representado en muchos de los cuadros: deliberando con Guillermo previo a la invasión y ordenando la construcción de la flota; celebrando con Guillermo y otros barones un banquete en que se festejaba el éxito de la travesía del cruce del mar; celebrando misa en la mañana previa a la batalla y en plena acción portando el báculo de obispo (o una masa).

La justificación de la pretensión de Guillermo al trono se apoya en el juramento de Harold de favorecerle a la muerte de Eduardo, de allí que esté bien documentado en el tapiz.  Para que lo sepan los contemporáneos.

Dentro de la veracidad de la obra se destacan los aspectos sustanciales de los hechos bélicos: desembarco, batalla de Hastings, muerte del rey Harold.  Por otra parte, los detalles de armamentos, herramientas, barcos, métodos de labranza, comidas, bebidas, muebles, vestimentas son minuciosos y una fuente valiosísima de información para entender como se vivía, y guerreaba, en la Edad Media.  Asimismo, la aparición de la estrella con cola en Inglaterra posteriormente a la coronación de Harold coincide con la efectiva visualización del cometa Halley en abril de 1066 desde Londres.

En el tapiz la ficción se combina con la realidad en un entramado narrativo verosímil, al punto que se considera la obra una fuente documental para el estudio de época difícil de superar por su singularidad, belleza y por las características únicas en su género.

 

Características del héroe medieval en Guillermo

Como en el caso del Cid en el poema, Guillermo se nos muestra en el tapiz como un caballero piadoso, leal en su relación con Harold y valiente en la acción obligada por la deslealtad del sajón y el no cumplimiento del compromiso asumido, prudente en la estrategia y planificación de la lucha, atento a los aspectos logísticos de la preparación y manutención de su armada.  Esa valentía es puesta de manifiesto en las escenas de batalla que lo tiene en primera línea alentando a los suyos y en el ardid de enfrentamiento a un enemigo que está mejor posicionado en lo alto del terreno.  En el momento en el cual la moral de las tropas normandas se encuentra en baja porque suponían que Guillermo había muerto en batalla, el duque de Normandía basculó su casco de forma que la cara fuera visible y haciendo girar el torso sobre su caballo hizo que los suyos le vieran al tiempo que los arengaba:

“Voyez-moi, donc, je suis bien en vie et, Dieu aidant, j’aurai la victoire!” [42]

Mírenme, estoy vivo y, con la ayuda de Dios, obtendré la victoria

al tiempo que quien portaba su estandarte, Eustaquio de Boulogne, le señalaba con el brazo extendido para confirmar a propios y a ajenos que sin dudas era el líder invicto quien decía estas palabras.  A partir de esta escena los acontecimientos se precipitaron con el empuje normando, la muerte del rey Harold y la desbandada sajona.  El campo de batalla se cubre de cadáveres sajones y la victoria es normanda.

 

4. Conclusión

El Cid y Guillermo el Conquistador fueron dos héroes guerreros medievales.  El Poema del Mío Cid y el Tapiz de Bayeux son dos obras artísticas realizadas por sus contemporáneos que perpetuaron su memoria con mezcla de ficción y relato de sucesos históricos. 

Las obras que los inmortalizaron no son veraces en su totalidad, ni ficticias al extremo de no tener un fundamento histórico.  Cuántos de los elementos ficticios fueron introducidos o resultaron de la modificación de los hechos como consecuencia de la manipulación conciente de sus creadores para transformar a los héroes en paradigmas modélicos, es para nosotros una incógnita. 

A casi mil años de su concreción nos siguen subyugando por su belleza y nos ofrecen en forma coincidente las características más destacadas del héroe épico medieval en dos formas artísticas diferentes.

 

Bibliografía

ALVAR, Carlos y ALVAR, Manuel, “Épica Medieval Española”, Madrid, Cátedra, 1997

ANÓNIMO, “Poema del Cid”, 23° edición, Madrid, España, Espasa-Calpe, 1970

BERTRAND, Simone, “La Tapisserie de Bayeux”, Rennes, France, Ouest-France, 1992

GISPERT, Carlos et al: “Historia Universal – Tomo 2 – Los grandes avances de la reconquista en la Península Ibérica”, Barcelona, España, Océano, 1990.

MACDONALD, John, “Enciclopedia Visual de las Grandes Batallas de la Historia del Mundo Volumen I”, Barcelona, España, Rombo,1994

PIJOAN, José, “Historia del Mundo - Tomo 7 – La Reconquista Española”, Barcelona, España, Salvat, 1979

PUIGSERVER, Sebastiá, “Literatura española e hispanoamericana”, Barcelona, España, Océano, 1992

RICO, Francisco, “Historia y crítica de la Literatura Española Tomo I Edad Media”, Barcelona, Crítica, 1980

 

Serie “Ejércitos y Batallas”, Madrid, España, Ediciones del Prado, de la edición original London, England, Osprey Military

          N°20: Tropas de Élite 11: NICOLLE, David, “Los Normandos”, Abril 1994

          N°27: Batallas de la Historia 13: GRAVETT, Christopher, “Hastings 1066: El fin de la Inglaterra Sajona”, Agosto 1994

          N°58: Tropas de Élite 30: NICOLLE, David, “Conquista y Reconquista: Los Ejércitos del Islam - El Cid y la Reconquista”, Abril 1995

 

Material de folletería recolectado por el autor

 

Material disponible en internet

http://books.google.com

Le Roman de Rou et des ducs de Normandie

Wace, Frédéric Pluquet, Auguste Le Prévost, Eustache-Hyacinthe Langlois

Edouard Frère, Rouen, France, 1827

Procedente de la Universidad de California, digitalizado el 7/Feb/2008

 

The full Bayeux Tapestry

http://hastings1066.com

 

The full Bayeux Tapestry

http://panograph.free.fr/BayeuxTapestry.html

 

El Tapiz de Bayeux: el primer “cómic histórico” en latín

www.culturaclasica.com/files/tapiz.pdf

 

El Tapiz de Bayeux y los bestiarios.

Una aplicación de la simbología del Physiologus al Tapiz de Bayeux

Fernando D. González Grueso 2008

Espéculo. Revista de estudios literarios. Universidad Complutense de Madrid

http://www.ucm.es/info/especulo/numero38/tbayeux.html

 



[1] ANÓNIMO, “Poema del Cid”, 23° edición, Madrid, España, Espasa-Calpe, 1970 Pág.7

[2] RAE

[3] Camps, Martín y Moreno Montero, José Antonio, Acercamientos a la narrativa de Arturo Pérez Ramos, 2005, UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE CIUDAD JUÁREZ: México

[4] RAE

[5]Versos de Le Roman de Rou et des Ducs de Normandie de Robert Wace, poeta normando del siglo XII, publicados en 1827 por Edouard Frére en Rouen

disponible en http://books.google.com

[6] Op.Cit.

[7] Vivar se sitúa a nueve kilómetros al norte de Burgos y próxima a Carrión, centro del poder de la familia Beni Gómez, rivales del Cid

[8] Hidalgo que en sus heredamientos tenía potestad y señorío limitados

[9] Se decía en general del guerrero que sobresalía en el campo con acciones señaladas

[10] Tributo que pagaba un reino subordinado a otro para su protección y defensa

[11] Juez que entiende en las causas civiles entre turcos y moros

[12] ALVAR, Carlos y Alvar, Manuel, Épica Medieval Española, Cátedra: Madrid, 1997, Pág. 44

[13] Ídem, Pág. 45

[14] Ídem, Pág. 45

[15] Ídem, Pág. 45

[16] Ídem, Pág. 14

[17]Poema del Cid, Cantar Primero, verso 2

[18]ALVAR, Carlos y Alvar, Manuel, Épica Medieval Española, Cátedra: Madrid, 1997, Pág. 47

[19] RICO, Francisco, Op.Cit. Pág.89

[20] Menéndez Pidal, Ramón: La España del Cid (Madrid: Espasa Calpe, 1969), p. IX.

[21] RICO, Francisco Historia y crítica de la Literatura Española Tomo I Edad Media Crítica: Barcelona, 1980 Pág. 102

[22] Ídem, Pág. 105

[23] Poema del Cid, Cantar Primero, verso 1

[24] RICO, Op.Cit. Pág.102

[25] Poema del Cid, Cantar Primero, verso 1

[26] RICO Op.Cit. Pág. 105

[27] Poema del Cid, Cantar Primero, verso 3

[28] RICO Op.Cit. Pág. 105

[29]Poema del Cid, Cantar Primero, verso 3

[30]Poema del Cid, Cantar Primero, verso 35

[31]Poema del Cid, Cantar Primero, verso 29

[32]Poema del Cid, Cantar Primero, verso 45

[33] Winston Churchill político y estadista inglés, Premio Nobel de Literatura en 1953

[34] ALVAR, Carlos Op.Cit. Pág.63

[35]ALVAR, Carlos Op.Cit. Pág.15

[36]ALVAR, Carlos Op.Cit. Pág.15

[37] Descubrir el Arte, No.29 Museo del Mes, Arlanza Ediciones S.A.:Madrid, Julio 2001 Pág. 37

[38] Ídem Pág. 42

[39] http://www.palmexo.com/taller/vocabularioN.html

[40] Burke, Rebecca. Intermediate Painting. Current Course info for students; Sep. 2002 www.mta.ca/faculty/arts/finearts/burke

[41] Tate Collection. Narrative Glossary.  www.tate.org.uk/collections/glossary/definition

[42] BERTRAND, Simone, “La Tapisserie de Bayeux”, Rennes, France, Ouest-France, 1992 Pág.27

 

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